En esta entrada comparto mi experiencia y pensamientos como nuevo estudiante en un país extranjero, y como ser humano.
Y así, al igual que Dorothy en la tierra
de Oz, en un abrir y cerrar de ojos he
llegado a esta nueva tierra. Claro, a diferencia de ella yo no viaje tan
dramáticamente a través de Ciclón Airlines (principalmente
por problemas de presupuesto. Esos ciclones son caros!). Pero aquí me
encuentro, en un lugar que muchos extranjeros como yo podrían considerar como extraño,
colorido, pero indudablemente, mágico.
Y soy creyente de que hay magia en todos
lados, pero como magia es normalmente lo que uno no conoce, pues este lugar
está lleno de magia para mí.
No es mi primera vez saliendo de casa, ya
he tenido varias oportunidades de viajar acá con mi familia y disfrutar del
encanto europeo. Pero me voy a tomar un momento para escribirles sobre la
diferencia entre venir como turista y venir como estudiante.
Los días antes de mi viaje fueron
extraños. Dentro de mí había una mezcla de sentimientos. (sí, me fui en sentimientos ¿y qué?) Por una parte todo era muy
surreal, como si mi mente realmente no estuviera aceptando el hecho de que me
iría por un tiempo más largo de lo usual. Que estaría dejando cosas atrás. Como
si en verdad yo no iría a ningún lado, todo estaba en mi cabeza. Lógicamente yo
lo sabía, pero no sabía cómo sentirme al respecto. Y supongo que es normal, ya
que es una de esas cosas que es difícil de imaginarse hasta haberlas vivido uno
mismo.
En los últimos días, todos mis amigos
querían hablar de mi viaje y de la futura experiencia que me esperaba. Cada
conversación se sentía como la ultima, sonreíamos, me deseaban un buen viaje, se despedían. Pero
realmente lo único que yo intentaba hacer era cambiar el tema, mantener una
conversación normal y seguir mi rutina diaria, sin cambios, sin sorpresas. Sentía como si ellos supieran algo que yo no. (Como Jim Carrie en The Truman Show).
En esos días no me sentía sorprendido o
sobre excitado por el viaje, y de vez en cuando intentaba analizar el porqué
sin tener resultados. Al final siempre pensé que era porque ya había viajado
anteriormente y esto no iba a ser nada nuevo para mí, serían como unas
vacaciones mucho más largas.
(ahh que ingenua
es la juventud).
Pero lo que si sabía era que había algo
detrás de mi cabeza que me decía (de la
misma forma que Dorothy se dio cuenta) que esto no iba a ser igual que los
demás viajes, y eso era lo que yo no lograba descifrar…hasta ahora.
Verán, viajar como turista y viajar como
estudiante son dos mundos separados por un factor invisible pero más fuerte que
la vida misma. Y ese factor, es el tiempo.
Cuando viajas como turista hay algo que siempre
tendrás en tu mente, “mi tiempo aquí es limitado, no importa lo que pase, yo en
poco tiempo estaré en casa”. Entonces sales a absorber ese nuevo mundo. Nunca
hay tiempo para verlo todo, nunca hay tiempo para sentirlo todo de la misma
manera. La rutina es que llegas a un lugar, haces fotos, intentas tomarte un
minuto para darte cuenta de lo que estás viendo y tratas de sentir algo, lo logres o no,
te vas…hacia el próximo lugar. A buscar ese olor a nuevo. Porque al final tu
estadía aquí es cara, corta y limitada. Así que mejor te apresuras. No hay
tiempo que perder, no hay tiempo para aburrirse. Otro día es otra aventura.
Eres como una estrella fugaz, que pasas
con todo tu magnifico brillo, rapidez y emoción por distintos sitios, solo para
llegar a casa y poder decir que estuviste ahí, sin saber realmente si viviste
el momento o no.
En el caso de venir como estudiante, la diferencia
es que sí tienes tiempo. De hecho, tienes tiempo de sobra, porque ya no estás
aquí por unos días o una semana, ya no estás aquí para tomar fotos y pasar al
siguiente monumento. Ya no eres una estrella fugaz, ahora te mueves con el
mismo ritmo que antes, el de un planeta en la órbita, ¿te sigues moviendo? sí,
¿rotas de vez en cuando? Claro, pero no como antes. Ahora…ahora te aburres.
Bienvenido al otro país que no es el
tuyo, ahora acabas de llegar.
Cuando hablo de aburrirse, no se trata de
no encontrar que hacer, no es nada tan superficial como eso, siempre hay algo
que hacer para pasarla bien (estas en un
país nuevo, aun no has hecho nada). A lo que me refiero es que a diferencia
de ser turista, acabas de darte cuenta de que aquí también encontraras una
rutina, aquí encontraras que no todo es super emocionante y hay burocracia y
que no estás en unas vacaciones. La puedes pasar bien si, pero hay objetivos
que lograr. Estas aquí por una razón más grande.
Y esa razón puede ser que estas aquí para
encontrarte, para descubrirte o para descubrir y para saber si vales lo que
siempre has pensado que has valido. O cualquier otra cosa. Inserta tu razón
aquí _____________________________.
A diferencia de viajar como turista, aquí
por las noches cuando te acuestas a dormir y miras para el techo, no piensas en
las atracciones o monumentos que vas a ver al día siguiente, no piensas en
todas las fotos que vas a hacer y compartir en las redes sociales, yo creo (y quizás solo soy yo pero lo dudo) que
lo que todos piensan y sienten de alguna manera u otra se acerca a esto:
“Ok, estoy aquí, lejos de casa, ¿tome la
decisión correcta al venir para este lugar? ¿y si algo pasa? ¿y si ya no me
gusta? ¿y si no soy lo suficientemente bueno? ¿y si esto no es lo que ando
buscando?, ¿es esto lo correcto? Creo que es lo correcto, no sé, tengo que ver”
Pero lo interesante es que no es
importante como te sientas, es lo que sigue después de cómo te sientes. Es la
ambivalente realidad de que independientemente de que como te sientas, todavía
no es tiempo para ir a casa. Lo quieras o no. Porque aquí te encuentras, tú
tomaste esta decisión para bien o para mal.
Dorothy no tomo esa decisión. Ella llego a un lugar al que no esperaba
llegar, e hizo lo posible para volver a casa, pero solo después de vivir una
gran aventura, con nuevos amigos y con otra actitud.
Y ya cuando haya pasado el tiempo, cuando
de verdad sientas que lograste hacer lo que querías, que llegaste hasta donde
querías y que te convertiste un poco más en la persona que deseas ver en el
espejo, pues en ese momento tendrás todo el derecho, la oportunidad y el
privilegio de decir, si aun así lo quieres:
“No hay lugar como el hogar, no hay lugar
como el hogar, no hay lugar como el hogar”.
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Jean Mitchell Vargas Cruz es un publicista, redactor creativo de la Republica Dominicana que actualmente reside en Espana estudiando lo que le gusta.

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